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La Muerte de un Trombón

14.04.2010 06:34

El Señor Trombón era de los Yankees

Barron W. Rogers (un nombre que el cordialmente detestaba) nació en el Bronx el 22 de mayo de 1935. Descendiente de una familia judío polaca, los cuales emigraron a Nueva York, vía Londres, el apellido original de Barry era Rogenstein, lo que él varió a Rogers.  Barry murió en Nueva York el 18 de abril de 1991 mientras dormía en su apartamento en la  Washington Heights. La muerte de Barry fue un verdadero shock para sus amigos, familia y colegas, además que su muerte la cubrió un velo de misterio. De acuerdo a su prima Heidi Rogers,su autopsia no fue concluyente. El famoso músico venezolano Alberto Naranjo, escribe aquí un bello texto, cedido a Herencia Latina por el profesor Rafael Bassi Labarrera.

Por Alberto Naranjo

Nueva York, viernes 19 de abril de 1991.

 

Día de mucha lluvia, torrencial a veces. Luego de una agotadora sesión de grabación en Clinton Studios, tuve que sortear cualquier tipo de inconvenientes inherentes a un "rush hour" en Manhattan. Los clásicos taxis amarillos parecían estar contratados con cierta antelación y ninguno estaba disponible. Tenía cierta urgencia por llegar a tiempo a un compromiso ineludible cada vez que estamos en la llamada capital del mundo, ni más ni menos, una visita a Yankee Stadium.

 

A regañadientes, y pese a los empujones y patadas, abordé como pude el nauseabundo subway, espacio ideal para conocer a fondo la esencia del "newyorker"; ojos que miran pero que no ven, propios de seres que conviven y se aceptan sin saber cómo, ni porqué. Eran casi las seis de la tarde y no quedaba mucho tiempo para irse al lugar de los acontecimientos, como diría Walter Martínez. El poco aliento disponible, luego de sortear cualquier inconveniente anterior, estaba dispuesto para un juego entre Yankees y Royals. Scott Sanderson (que venía de dejar a Detroit en un hit) y Tom Gordon estaban anunciados como lanzadores abridores. Además, la oferta de observar a George Brett y Don Mattingly era sumamente atractiva.

 

Al llegar al hotel me percaté de recoger los mensajes dejados durante mi ausencia, por si acaso, notando el titilar de una solitaria llamada dejada en la contestadora por mi amigo Rolando Briceño, el saxofonista venezolano, quien escuetamente dejó colar su voz para arrugarme el ceño sin misericordia, sin llegar a decir que era lo que quería, pero con una sentencia difícil de digerir: "Alberto, murió Barry Rogers y lo están velando en la Riverside Memorial Chapel, entre la 76 y Amsterdam. Chao"...

 

A partir de ese momento, una película comenzó a proyectarse en mi mente. Algo de confusión, cierta tardanza en la gota suspendida que aún no acaba de caer, al igual que pasa con cualquier pesadilla inconclusa. En ese momento liberado del compromiso profesional, espacioso, sin imposiciones ni reglamentos, había dispuesto un último paseo por la ciudad, concretamente por la vecindad del Yankee Stadium, pero no tuve que pensarlo dos veces. ¡Al diablo con el juego de pelota! ¡Total, ni que fueran mis queridos Medias Rojas de Boston los que están visitando a los Yankees!

 

Entre la ducha y el cambio de ropa, la película sigue rodando, con incesantes vivencias que se apoderan de mí. Qué rápido se va el deleite. Será eso lo que siempre flota en el aire, la pasajera felicidad y el doloroso precio de su ausencia. Inevitable costo dada la brevedad de la materia, que a su leve tránsito por la vida siempre aplica la inevitable duda, preguntándonos entonces si cualquier tiempo pasado fue mejor.

 

Vuelta a la siempre congestionada y feroz calle. Aunque ha escampado, un cielo ennegrecido presagia una nueva precipitación. La funeraria está relativamente cerca, así que emprendo el camino a pie. "Dime en qué ciudad vives, y si es Nueva York, te diré a quién odias". El plan divino siempre incluyó a la ciudad como centro de acopio de dioses y profanos. ¿Qué otra cosa representan el Olimpo, el Paraíso, el Limbo y hasta el Infierno? Hay ciudades patibularias, ciudades para emperadores y ciudades para pordioseros, pero todas tienen en común que no se sabe quién fue el que puso la primera piedra. Hubo ciudades arrasadas como cultivo de sus desaciertos: Pompeya, Troya, Alejandría, Babilonia, Sodoma y Gomorra, y otras que sólo tuvieron vida en la imaginación de sus creadores: Oz, Metrópolis, Macondo; ciudades que apestan, como Nueva York, aunque a veces ella huele a jazmines y rosas.

 

Justamente, el inesperado cambio de aroma me para en seco. Se trata de un solvente violinista interpretando a Paganini. Unos pasos más allá noto la urgencia de un saxofonista intentando remedar torpemente a Charlie Parker. Me duele la indiferencia de los apurados transeúntes ante el desesperado esfuerzo musical por la supervivencia. Es posible que en ese mar de sueños encarnado por Nueva York en muchas películas, estos músicos quizás hayan llegado tarde a la cita. Como puedo, le dejo a cada quien unos cuantos billetes verdes que agradecen reverencialmente, mientras reanudo el paso evadiendo con suerte la agresividad de automovilistas y peatones que pareciera intentan arrollarme. Ninguna otra presencia interrumpe la rutinaria indolencia de la calle, que retrase la llegada a nuestro destino.

 

Una vez en el sitio observo la cartelera buscando la ubicación del amigo muerto, mientras siento la escrutadora mirada de un ejecutivo de la funeraria, observándome de arriba a abajo, como midiendo mi anatomía, y entonces me da la sensación de que me ha tomado como un potencial usuario de sus servicios. Ignorando tan tenebrosa presunción, subo raudamente unas escaleras hasta llegar a la capilla. Lejos de encontrarme un escenario mortuorio, aquello me parece más bien una sala de fiestas. Junto al ataúd de Barry descansa su trombón, de pie sobre un atril. Hay muchas flores; la cubierta del álbum "Eddie Palmieri y su conjunto La Perfecta"; un montaje de fotos suyas al lado de su familia, o mientras soplaba su trombón con La Fania All Stars, entre otras más.

 

El espacio parece insuficiente para albergar a no menos de 300 personas, que incluyen a sus amigos de juventud: Eddie Palmieri, Bobby Porcelli y Johnny Pacheco. Por supuesto, también están algunos de los trombonistas que le reconocen como su fuente de inspiración: Willie Colón, Papo Vásquez, Steve Turré y Jimmy Bosch; cantantes como Ismael Quintana y Adalberto Santiago, Manny Oquendo y Andy González, plana mayor del Grupo Libre, confundidos junto a James Taylor, Aretha Franklin, Michael Brecker, George Benson, Lew Soloff y la gente de Spyro Gyra, no tan salseros como los otros pero igualmente beneficiarios de este ecléctico gurú musical.

 

Una serie de discursos comenzó con Marty Sheller: "Barry fue un perfeccionista... él tenía una mente científica... constantemente pensando en hacer mejor las cosas". Comentaba el historiador Max Salazar que las palabras de Sheller le recordaban un relato de Cal Tjader cuando Barry "resolvió un problema con la clave" en el arreglo de "El sonido nuevo", y que como cosa rara entre algunos músicos, no tenía "malas mañas" y que hasta era vegetariano.

 

Entre tanto, Eddie Palmieri agregaba como orador: "Barry Rogers fue un genio, un ser que parecía saber de todo, hasta el punto de alienar a otros. Capaz de reparar los motores de nuestros automóviles o de afinar pianos, fue él quien me introdujo al universo musical dándome a conocer a John Coltrane y McCoy Tyner en el jazz, como a Bela Bartok en lo clásico y Otis Redding en lo popular". Agregaba Eddie: "El hecho de ser gringo, judío y blanco, no le impidió adoptar la cultura latina. Le gustaba comer arroz con picadillo y frijoles, y aprendió a hablar perfectamente el español, hasta mejor que muchos de nosotros... Cuando se me ocurrió formar La Perfecta, pensé en dos violines y una flauta. Fue Barry quien me persuadió para que usara dos trombones como sustitutos de los violines, y que en lugar de una charanga pensara en armar una "trombonchanga". Cuando no estaba tocando el trombón, agarraba una clave y hacía coros... Yo recuerdo especialmente sus arreglos de temas como "Busca lo tuyo", "Puerto Rico" y el de "Un día bonito", el cual sirvió para que me ganara mi primer Grammy. El podía interpretar salsa, jazz o rock, Cajun y Zydeco, y asimiló perfectamente a Arsenio Rodríguez. De hecho, en nuestra rendición de "Yo no engaño a las nenas", hizo sentir su habilidad como tresista"...

 

El servicio funerario finalizó cuando su hijo Chris colocó un casete con los más famosos solos de su padre, destacando los de "Azúcar" e "Imágenes latinas". Nadie se movió. Nuestros ojos se mantuvieron enfocados hacia el atril sosteniendo aquel huérfano y solitario trombón que ayudara a forjar su leyenda.

 

Cuando me retiré ya era tarde para asistir al juego de pelota, aunque no importó. No siempre se presencia un encuentro tan emotivo como el de esta despedida. En eso recordamos que en su reseña a Barry Rogers, César Miguel Rondón comentaba en sus crónicas de El libro de la salsa: "Este libro, en medio de sus deficiencias, trata de dejar referencias de no pocas grabaciones clásicas y antológicas de este trombonista gringo de pelos largos y gafas al aire"... Justo y necesario. Yo le hubiese agregado que, antes de su insurgencia, el único trombonista que había destacado como solista improvisador en la música latina había sido "Tojo" Jiménez, el mismo que Benny Moré aludía en su coro: "Generoso, qué bueno baila usted", y que después, y gracias a Barry, el trombón es un sinónimo para la salsa como puede serlo el saxofón para el jazz.

 

Antes de seguir rumbo al hotel, me detuve para observar las fotos más detalladamente. En una de ellas observé al bien llamado Señor Trombón posando sonriente con una gorra de los Yankees, repulsivos rivales de mis Medias Rojas. Confieso que mi admiración hacia Barry Rogers ha sido tan grande, que la supuesta afrenta no me perturbó en lo absoluto. Después de todo, hay que entender que nadie es perfecto.

 

(Es importante notar que antes de ser integrante de el conjunto La Perfecta, Barry Rogers toco con la orquesta de Joe Cotto. Unos de las orquestas pioneras del uso de trombón que casi nunca se menciona comparado a la de Mon Rivera, Palmieri (la cual fue su orquesta quien acompaño a Mon Rivera en el disco QUE GENTE AVERIGUA aka "Mon y Sus Trombones") y Willie Colón....)

 

Joe Rivera, Barry Rogers e Ismael Quintana.

Foto de Descarga.com

 

Edición mayo - junio  de 2005

 

 

Derechos Reservados de Autor

Herencia Latina

 

 

Barry Rogers : El Primer Trombón de la Salsa

 Publié le 19 juillet 2004, par Eduardo Livia

Eddie Palmieri tenía la idea básica y Barry la desarrollaba, haciendo los arreglos generales y de la línea de vientos . Para entonces, ya es considerado el trombonista más importante del medio, participa en el Alegre All Stars, el Sexteto La Playa, Joe Cotto, Mon Rivera, Jimmy Sabater y con el Tico All Stars.

A partir del segundo L.P. y por siete años, el formato no se altera, siempre con Barry liderando los vientos, a quien se unió José Rodrigues formando, según el propio Palmieri y otros entendidos, la mejor línea de trombones de la historia de la SALSA. La Perfecta logró una inmensa popularidad, no sólo entre los bailadores de la época sino también en la crítica de entonces, quienes coincidieron en que los conceptos de Rogers, bien complementado con Rodrigues, habían definido un nuevo estilo, sin vuelta atrás, en la música latina. Su agresividad y sentido del ritmo lograban una atmósfera electrizante que atrapaba al bailador logrando con él un grado de entendimiento y comunicación intensos. Tal era su manera de tocar, que Palmieri aún recuerda el comentario que una vez le hiciera Rodriguez : "si Barry sigue tocando como toca aquí, en La Perfecta, se va a morir".

Si bien la audiencia inicial del conjunto era predominantemente borícua, la influencia del Rhythm and Blues, el jazz y la música gospel en el estilo de Barry Rogers hizo que Palmieri captara al púbico afro-americano. En palabras de Weinstein : "Barry usaba el trombón y lograba unas inflexiones que solo lo podía hacer la voz humana, en especial un cantante de Rhythm and Blues". La relación Palmieri-Rogers y el grado de entendimiento que lograron fue la causa principal de la trascendencia de La Perfecta en la historia de la música latina. Eddie tenía la idea básica y Barry la desarrollaba, haciendo los arreglos generales y de la línea de vientos (es asi que no recordamos canción alguna que sea de la autoría del trombonista). Para entonces, ya es considerado el trombonista más importante del medio, participa en el Alegre All Stars y en grabaciones con el Sexteto La Playa, Joe Cotto, Mon Rivera, Jimmy Sabater y con el Tico All Stars e influye en los nuevos band-leaders, como Willie Colón quien, según propia versión, cambia la trompeta por el trombón cuando escucha a Barry en el tema "Dolores" de Joe Cotto.

Sin embargo, es sorprendente saber que Rogers fue un autodidacta del instrumento que le dio fama, que nunca recibió una lección para aprender su ejecución. Eso sí, su talento natural y una perseverancia en alcanzar la perfección, lograron la maestría reconocida por todos, no sólo en el trombón, sino también en otras facetas de la música como los arreglos, los aspectos técnicos en un estudio de grabación, la producción e incluso el dominio de otros instrumentos como el tres cubano (logrado en base a estudiar a fondo la música cubana y sus figuras, en especial a Arsenio Rodríguez). Es más insólito aún saber que físicamente, al menos en sus inicios, Barry sufría para tocar el trombón (muchas veces se le abría el labio), debido a la agresividad y al ritmo agitado (ya que también hacía coros) que mostraba en sus actuaciones. Incluso, compañeros de entonces afirman que tal vez ese ritmo de trabajo pudo haber minado bastante su salud. Su permanencia en La Perfecta duró hasta 1968, cuando graba Champagne (Tico, 1968), cambiando totalmente de giro al unirse en Octubre de ese año a la orquesta del Lloyd Price Turntable, aunque no se desconecta totalmente del ambiente latino, siendo invitado a varias grabaciones y alternando con grupos como el Fania All Stars, con el que participa en el famoso concierto del Cheetah, en Agosto de 1971.

En 1970, Barry conoce a un joven saxofonista llamado Mike Brecker, quien tocaba en la banda de jazz y Rhythm and Blues de Edwin Birdsong. Entre ambos, junto a Randy Brecker, Doug Lubahn, Jeff Kent y el baterista Billy Cobham forman Dreams, una banda de fusión de jazz y rock, considerada pionera y de gran influencia en el futuro desarrollo de la misma, que grabó dos L.Ps para Columbia y que se disolvió en 1972, debido a la poca aceptación comercial lograda. Es en esta etapa que Barry empieza a moldear un estilo diferente de ejecución, sin estar "obligado" a ser el fiero improvisador de La Perfecta, volviéndose un estilista con una técnica depurada, pero sin perder esa energía que lo hacía lider natural dondequiera que fuera. Asimismo, Dreams le permitió hacerse conocido y solicitado por artistas no latinos, de la talla de James Taylor, Aretha Franklin, Chaka Khan, Grover Washgington Jr., Aerosmith, The Avera ge White Band, Manu Dibango, Jon Faddis, Gloria Gaynor, Ron Carter, George Benson, carly Simon, Bob James, Spyro Gyra, Elton John, Don Grolnick, Bette Midler, Tina Turner, entre otros, para sus grabaciones. También participa en el soundtrack de la película Fama (1980)


Este articulo fue publicado por primera vez en el difunto y echado de menos sitio www.perusalsa.com. Era la segunda parte de una serie de articulos sobre Eddie Palmieri


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